El domingo por la noche estaba leyendo un libro cuando de repente empecé a escuchar una gritadera en la calle. Como buena venezolana chismosa, me paré corriendo a ver qué estaba pasando por la ventana. Mi cara se iluminó de alegría y emoción al ver dos bandos de malandritos franceses a punto de entrarse a coñazos. Habían como 10 adolescentes franceses en la calle todos vestidos a lo ghetto. La mitad eran varones y la otra mitad hembras. Un negro y un árabe se estaban cayendo a gritos, insultándose. De la nada, el árabe empujó al negro y ahí se armó el peo de verdad. Fue todo un “teen-drama”. Las chamas, todas blancas queriendo ser ghetto, empezaron a gritar, “NO SALIM, NO”. La más “ratica” hasta intentó ponerse entre Salim y el negrito para evitar la coñaza. Yo no quería que la coñaza se evitara, yo quería sangre. Yo quería mi propio show de Boxing desde mi ventana.
El negrito aprovechó que las chamas tenían agarrado a Salim para lanzar una patada. Las chamas se asustaron y se quitaron del medio. Me di cuenta que la vaina se estaba poniendo realmente buena cuando Salim partió una botella contra el asfalto. Malandreo total. Habían niñas adolescentes llorando, niños adolescentes tratando de separar a sus panas para evitar el derrame de sangre, era como de película. No me pregunten por qué, pero yo estaba súper emocionada. Quería que esos malandritos que siempre andan jodiendo se dieron la paliza que yo siempre quise darles. Me caen mal esos coños de madre, quería verlos sangrar (admito mi morbosidad). Desafortunadamente, en ese mismo momento, una vieja mamahueva del edificio de enfrente gritó desde su ventana “VOY A LLAMAR A LA POLICÍA”. Eso bastó para que los chamos salieran corriendo y se llevaran su pelea a otra parte. Coño de la madre, yo que quería ver. Maldita vieja de mierda, siempre caga todos los eventos.
Cuando pasó la emoción, no pude evitar pensar, “tenía tiempo sin ver espectáculos como éste”. La última vez fue cuando tenía 13 años y me estaba quedando en casa de mi abuela materna. Recuerdo que ella vivía en el centro de Barquisimeto. Todas las noches las prostitutas se paraban en su calle y todos las noches era el mismo peo, taxistas y putas cayéndose a botellazos. Pero entonces eso me hizo pensar, “¿dónde carajo estoy viviendo yo?” En teoría, la zona donde estoy viviendo es considerada como París (no las afueras) y además tiene fama de ser tranquila. Después de haber sido robada dos veces y haber presenciado una coñaza en plena calle, creo que estoy viviendo en el barrio parisino.
Mientras más lo pienso, más argumentos encuentro para pensar que vivo en el barrio. Para empezar, mi calle siempre está llena de malandros. Malandro en francés se dice racaille (se pronuncia “racai”). De la misma manera que los malandros en Venezuela tienen el peor gusto para vestirse, estos mamahuevos aquí no se quedan atrás. Les encanta ponerse ropa deportiva ADIDAS y escuchar rap. En mi calle hay dos grupitos de malandros siempre en la calle hablando huevonadas perdiendo el tiempo. Uno de los grupos está frente al KEBAB (restaurante de comida rápida en Francia donde venden sanduches kebab) y el otra se reúne frente a un edificio podrido. Siempre hay un mamahuevo que pone su música de mierda en su celular para joder, se la pasan fumando monte y haciendo chistecitos de todos los peatones. Perdedores de mierda.
¿En qué mente se puede considerar cool ser un malandro? En serio, ser malandro es lo más perdedor que existe en el mundo. Es peor que ser recoge lata. Yo puedo entender que haya gente que sienta una vocación hacia el crimen, chévere. Pero yo digo, hagas lo que hagas, hazlo bien. Si quieres ser un criminal plomo, pero sé el mejor criminal que puedas ser. Dedícate a una mafia, a robar bancos, a asesinar en serie, haz lo que tengas que hacer a lo grande. Pero no te creas la verga de triana porque eres un maladrito de mierda. Y eso es lo que más arrechera me da, el maladro, les racailles, the homeboys, siempre se sienten como los reyes de la basura. Pobres huevones, no saben ni limpiarse el culo sin fumarse un porro .
De pana a veces quisiera comprarme un escopeta y salir a matar gente estúpida. No nos caigamos a mojones, la gente estúpida resalta por su estupidez. Si el niño Jesús me trae un escopeta este año, prometo salir caminando un Domingo en la noche por mi calle a matar a todos los cabrones de mierda que no me dejan leer en paz!
Aquí les dejo un video tipo “COPS” de los policías franceses y los racailles. Notese que al final dice algo como “y los meten en ese autobús para enviarlos a su casa (chez eux)” con una fotico de África atrás. Evidentemente, el final me pareció triple ofensivo. La gran mayoría de los racailles nacieron en Francia y fueron educados en Francia. Aquí el que no tiene papeles anda calladito. Pero bueno, como yo siempre digo, nunca subestimen el poder de la negación.


2 comments:
:3!! Esperaba algo así. Saludos !!!!
Como dijo Er Conde der Guacharo una vez:
"Al malandro no hay que matarlo, no, no.
Hay que ayudarlo, ¡PERO A COÑAZO!"
La única razón por la que conozco esa frase "der conde" es porque está al final de una canción de Los Amigos Invisibles.
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