jueves, 8 de septiembre de 2011

Parte Dos : Sangre de Suegra


Como les iba diciendo, no es fácil saber el buen momento para casarse. Sólo después que pasas las cinco pailas del infierno, puedes sentirte más seguro de tu decisión. Aquí les presento la segunda parte de esta trilogía.

Paila Número Cuatro : Suegra en francés se dice Belle-Mère (Madre-Bella)

Je suis désolée chéri...

De ésta no se salva nadie. Mi mamá siempre dice, “uno no se casa sólo con la persona, te casas con la familia también”. Si de por sí, muchas veces nos es extremadamente difícil soportar la familia que tenemos, es mucho peor aceptar la familia del otro.

El primer miembro de la familia que yo conocí fue la Suegra. El Musiú me había contado un poquito sobre ella. Nació en un pueblito en Dinamarca y en su adolescencia se fascinó por cultura francesa. A los dieciocho años se vino a París para aprender francés y vivir la experiencia francesa durante un año. En ese tiempo conoció al papá del Musiú y al cabo de cierto tiempo tuvieron un hijo y se casaron. Además, sabía que la mujer trabaja como consejera y profesora en un Liceo de niños conflictivos, entiéndase malandros y prostitutas.

Al principio todo sonaba muy interesante. La primera vez que conocí a la Suegra, ella fue muy simpática conmigo. No tardamos en tener una conversación interesante. Después de todo, esta señora estudió filosofía durante un año y leyó las obras de Kant y Hegel en alemán. Lo único que sí me extrañaba es que el Musiú vigilaba cada palabra que decía su mamá, cada gesto. A la primera que la mamá decía algo medio fuera de lugar, el Musiú saltaba como un perro y la ponía en su lugar. Pensé, “el Musiú sí es necio con su mamá, que la deje hablar en paz conchale”. Pasamos el día muy bien, todo relativamente tranquilo. Me encariñé con la señora rápidamente y hasta pensé, “mi suegra es perfecta”. Pero al despedirnos me dijo algo que me hizo pensar dos veces aquello de la suegra perfecta. “La verdad Adriana es que yo no te quería conocer hasta septiembre. Mi hijo ha traído tantas novias a la casa, que antes de encontrarte quería darle dos meses más a la relación. Tú sabes, para ver si dura o no. Pero bueno, como se van juntos para los Estados Unidos, quería al menos saber con quién. De todas todas, no me arrepiento, eres una niña muy amable y muy simpática.”

En ese momento me di cuenta que esta mujer sabe metertelo sin que te des cuenta. En menos de un minuto me dijo “eres una más, esto no durará, pero eres simpática y amable”. Yo respiré profundo y pensé “ardi, déjalo pasar”. Pero mientras me concentraba en no darle importancia, más cara de culo ponía. El Musiú no tardó en preguntarme, “¿qué te pasa? ¿estás bien?”. Una vez que el Musiú hace esas preguntas, no hay manera de esquivarlas. Un “no me pasa nada” no basta. El preguntará hasta que digas exactamente lo que sientes. Me atreví a decirle lo que pensaba, “bueno, no me gustó mucho lo que me dijo tu mamá al final. ¿Es cierto que las traes a todas a la casa?”

“Yo sabía que no debí haberte presentado a mi mamá”, me dijo el Musiú. Debo admitir que yo tenía cierto apuro en conocer a la señora. Por un lado quería ver un poco su casa, de dónde viene, cosas esenciales antes de comprometerme con él. Por otra lado, quería sentir que la relación era lo suficientemente seria como para que ambos conociéramos a nuestros padres. Cuando el Musiú me dijo “sabía que no debí haberte presentado a mi mamá”, yo escuché “es demasiado temprano para comprometernos a este punto”. Me tomaron algunos días para darme cuenta que lo que él quería decir era, “mi mamá a veces no piensa lo que dice, no quería espantarte tan temprano”.

Ojalá ese tipo de comentarios se hubiesen parado ahí. Pero mi suegra tiene un don para decir las vainas más desagradables. El problema de esta señora es que es demasiado honesta. Yo no dudo que ella piense que yo soy simpática como persona. Con ella he sido lo más agradable posible. Pero ella no lo duda ni un segundo antes de decirme que no cree en mi relación con el Musiú y que además no está de acuerdo con el estilo de vida que llevo. Déjenme hacer una breve lista de las perlas que ha soltado esta señora.

  • “Adriana, mi hijo me dijo que te gustaría la canción “Lay lady Lay” para tu matrimonio. Esa canción no me gusta. Neil Young es mejor.”
  • “De verdad que la hija de la Ex del Musiú era adorable. Extrañaré esa niñita en nuestros paseos.”
  • “El monedero que le regalaron tus papás a mi hijo no me gusta, prefiero el que él tenía.”
  • “Me sorprendió que le cayeras bien a mi hijo menor, sobre todo por que él pensaba que tú serías una presumida. Tú sabes, por el estilo de vida que tienen tú y tu familia.”
  • “El Musiú me dijo que no hablara de su ex-novia porque a ti no te gusta. Tienes que entender que él tiene un pasado.”
  • “Deberías aprender a hacerle las tortas danesas a mi bebé.”
  • “Yo no me voy a entusiasmar mucho con el matrimonio de ustedes, aún falta mucho para abril.”
  • “Yo lo único que quiero es que mi hijo encuentre una mujer que lo haga feliz.”


Déjenme pararme un segundo en aquello de “deberías aprender a hacerle las tortas danesas a mi bebé”. Primero que nada, tu bebé tiene dos manos y puede prepararse él mismo su m...erienda. En segundo lugar ¿ACASO YO SOY DANESA? ¡NO! ¿Acaso yo le ando pidiendo al Musiú que me prepare hallacas? Menos mal que la Suegra había estudiado en la Sorbona, se nota que no se tomó ni cinco minutos para interesarse a las ideas de Simone de Beauvoir.

De todos los comentarios que ha dicho, sólo ha habido uno capaz de explotar como una bomba entre el Musiú y yo. Habíamos ido a casa del hermano a cenar. Su novia había preparado una cena deliciosa, nos sirvieron champaña, ron venezolano y un vino espectacular. La conversación era de los más agradable cuando de repente el hermano empezó a hablar de la mamá. “Por cierto, no les había dicho, tú puedes creer que mi mamá dijo que los papás de Adriana tenían cara de “niches con rial”.

Así, mientras en mi familia habíamos hablado de invitar a la señora, de recibirla en la casa para el matrimonio, esa P...ersona anda diciendo que mis papás son unos monos. Vamos a repasar unos puntos. Primero que nada, digamos que efectivamente mi mamá se llama Yuriguindeixi y que mi papá se llama Yonfrey. Digamos que mis papás no le echaron bola. Digamos que a mi papá no lo becaron para estudiar en la misma universidad donde Einstein dio clases y que a mi mamá le regalaron su primer apartamento a los 18 años. Digamos que mis papás venden drogas en Petare y por eso tiene “rial”. ¿Qué coño hace el hermano echándole paja a su mamá? ¿Por qué carajo querría yo saber lo que piensa esa señora de mi familia?

A mí me parece absolutamente normal hablar paja de la otra familia. Yo lo hago todos los días con mi mamá. Hasta ahora, nunca me había atrevido a publicar nada porque, para empezar, nunca me había sentido así de ofendida, y segundo, porque quise hacer todo lo posible para establecer una buena relación con esa co...madre. Pero desde hace unos días, me doy cuenta que ya he soportado demasiado. Así que en vez de asumir mi problema como alguien maduro y atacarlo de una manera diferente, heme aquí en ardi vs madness, publicando por internet “mi suegra me cae más mal que mondongo hecho con agua del Guaire”.

Ustedes dirán que la mamá es mejor que yo, que al menos ella me dice que no le caigo bien en mi cara. La verdad es que tienen razón. Yo no debería dejarme meter su cizaña por el culo. Después de esta última respecto a mis padres, muchas cosas van a cambiar entre mi Belle-Mère y yo. Ojo por ojo ...madre. Espero que estén preparados en el blog para toda la sangre que viene. Si la vieja viene a nuestra boda en Venezuela, la vamos a mandar a un hotel bien podrido en Plaza Venezuela. Total, como ella es de la izquierda europea y dice que tener dinero es malo, la voy a mandar con el pueblo. Que agarre que jode carrito en Caracas, que vea bien lo que sí es niche para que después venga a hablar paja de mi familia. ¡Que coma m...erienda!

Se estarán preguntando, “¿el Musiú va leer esto?” Claro que sí. Yo se lo voy a traducir esta noche cuando llegue a la casa. Si el Musiú está dispuesto a casarse conmigo, aún cuando su mamá y yo no nos entendemos muy bien, entonces seguimos.

***

Otra vez me excedí, escribí un post tan largo que tengo que cortarlo en dos. Así les dejo para la próxima la última paila del infierno.


CONTINUARÁ


Nota: Me encantaría mucho escuchar las anécdotas de ustedes con sus respectivas suegras. Tomense la absoluta libertad de escribirme, pueden dejar un comentario en el blog, mandarme un correo o meterse en el Facebook del madness. Hasta mañana.

martes, 6 de septiembre de 2011

Siempre habrá Sangre en el Madness



Desde el primer momento que el Musiú me dijo que tenía el anillo, no pude aguantar las ganas de decirle a toda mi familia que me iba a casar. Poco a poco, se me fue saliendo de manera drástica. En vez de traer primero el novio a la casa, presentárselo a la abuela e ir recolectando poco a poco las opiniones de mis tías y mis tíos, mantuve al jevo bajo la manga. De repente, un día mientras estaba con mis primas y mis tías dije “ME VOY A CASAR”. Después de dos segundos de silencio absoluto, alguien preguntó, “¿no es muy temprano?”. Buena pregunta, ¿no es demasiado rápido comprometerte con alguien después de sólo cuatro meses de noviazgo?

Por el otro lado está Pupú. Desde hace más de un año ella está enamorada de Nature Boy y él de ella. Por la primera vez en nuestras vidas, vemos a la Pupú radiante. Tenemos suerte además porque Nature Boy nos cae demasiado bien. Él es lo suficientemente ácido como para reírse de mis chistes, lo suficientemente dulce como para ganarse a mi mamá y con suficiente carácter para no dejarse intimidar por el viejo. Se sabe que un día estos dos tórtolos se van a casar, aún cuando ellos no han anunciado nada oficial. Pero por supuesto, a la familia no nos basta verlos feliz y juntos. Al cabo de siete meses de relación, empezamos todos a preguntar “¿y cuándo se van a casar?” Por ahí se está regando el chisme que ya los dos han hablado del tema, pero aún no hay fecha. A través de rumores y llamadas por teléfono entre mi mamá y mis tías, tenemos a los pobres obstinados. Así surge la gran pregunta, ¿no se están tardando demasiado?

Como verán, no es fácil. ¿Cómo puede saber uno cuándo es el buen momento para casarse? Señores, les tengo la respuesta. Hay que atravesar el inframundo con la persona que amas. Si después de sobrevivir las cinco pailas del infierno aún tienes ganas de pasar el resto de tu vida con el coño de madre, entonces es el momento.

Paila Número Uno : Baguette vs Arepa

Cuando yo conocí al Musiú, él no tomaba, ni fumaba, ni bailaba pegado. Esto me parecía del carajo. Me sentía segura con él, como si estuviese con alguien fuerte que me ayudaría a evitar los vicios que tanto me atormentan. ¿Recuerdan el post Busco un Vicio?

Todo eso se acabó una vez que el Musiú conoció a mi familia venezolana. En Venezuela, todos tenemos al menos un vicio. El que no toma, fuma. El que no fuma, toma. Y el que no fuma ni toma, baila reggaeton. Cuando alguien no hace ninguna de las tres, empieza el acoso criollo. La primera vez que mis padres le ofrecieron al Musiú algo de tomar, y él pidió un vaso de agua, hubo una tensión extraña en la casa. “¿Estás seguro? ¿NI SIQUIERA un vinito?” Para los venezolanos el vino no es caña, es jugo para acompañar la comida. Con el cuentico de “un vinito para la comida”, el Musiú terminó tomando hasta Limoncello. Sólo les voy a decir que después de pasar dos semanas con mi familia, ahora el Musiú toma y fuma. El muchacho ahora me tiene los vicios. Resulta ser que el carajito era igual que yo, le gustaba echarse palos hasta la madrugada, hizo cosas muy estúpidas en su juventud y cuando decidió madurar lo dejó todo. Yo retomé la caña, el retomó la caña y el cigarrillo.

Yo que pensé que me había comprado una baguette terminé con senda reina pepiada. Un día en casa de mis padres, él y sus vicios me sacaron la piedra. Habíamos cenado, hecho la sobremesa y mis padres se habían acostado a dormir. Sólo quedaba B, Pupú, Nature Boy, el Musiú y yo. Mi hermana se fue a ver televisión, yo me quedé dormida al lado de ella y los otros tres salieron al patio a fumarse sus cigarritos y echarse los últimos cuentos de la noche. De tanto tomar, el Musiú va para el baño y al salir me ve dormida. Me despierta y me dice “ya nos vamos”. Para mí, cuando alguien me dice “ya nos vamos”, eso quiere decir “en este momento nos vamos a despedir de la gente porque nos regresamos a casa.” Yo medio dormida me paro, salgo al patio con el Musiú y empezamos a despedirnos de la gente. Cuando llego a la puerta lista para salir, me doy cuenta que estoy sola. Supuse que el Musiú no tardaría en salir, pero veo que el tiempo pasa y nada. Cuando salgo a buscarlo, me encuentro al coño de madre sentado fumándose un cigarrillo. Al ver mi cara de arrechera me dijo la frase que más odio en el mundo, “me fumo el último cigarrito y nos vamos”. Mira coño de tu madre, anda a fumarte el último cigarrito en el carajo viejo. La cuaima que tengo adentro salió con todo y le dije en el tono más histérico “YO me voy. Buenas noches”.

Todos nos vendemos al principio de una relación. Muestras tu mejor lado y ocultas todas las vainas que crees que podrían acabar con la relación. Sabes que la relación es fuerte cuando te sientes capaz de soportar los defectos de la otra persona. Yo por mi parte, estoy dispuesta a casarme con Frenchy aún cuando sé que seguramente en el fondo es más venezolano que una arepa. Con tal que el hijo de puta no me llegue a las 7 de la mañana borracho oliendo a burdel, seguimos.

Paila Número Dos : Primero muerta que ama de casa

Gracias a Madonna, yo empecé a ser feminista desde chiquita. Cuando yo veía que a la hora de comer mi mamá, mi hermana y yo hacíamos todo mientras mi papá comía sin ni siquiera esperarnos para empezar ni quedarse con nosotras hasta el final, comenzó todo un peo en mi cabeza. Me prometí que nunca me vería en una relación así. Sigo pensando lo mismo, primero muerta que ama de casa. Me parece denigrante tener que hacer las labores de la casa sólo porque eres mujer. Estoy absolutamente convencida que los hombres, aún cuando son mongólicos y les cueste una bola, son capaces de hacer cosas del hogar. Está más que comprobado que las mujeres podemos con todo.

El Musiú fue criado por una Patrie que tiene “Liberté, Égalité, Fraternité” inscrito en todas las instituciones del Estado. En Francia, sobre en todo en París, esa visión de “hombre trabajo, mujer casa” murió hace algunos años. Desde que nos mudamos juntos, hacemos todo juntos, desde arreglar la cama hasta lavar la ropa. El único problema es que la semana pasada Frenchy empezó a trabar diez horas diarias, yo sigo de vacaciones. Mientras yo estoy aquí escribiendo en el blog, pensando “¿qué voy a hacer con las otras nueve horas? ¿siesta o ver una película?”, él está sacándose la mierda en el trabajo pensando “¿cómo voy a terminar todo esto en sólo nueve horas?”. Lo más lógico es que yo me encargue al máximo de la casa, dado mi tiempo libre.

Me sabe a mierda si él trabaja diez horas o no. Yo voy a ver películas, sacarme las cejas y dar vueltas por la casa hasta que él llegue a las 7 de la noche mamado para ir a lavar la ropa. Si él está dispuesto a quedarse conmigo, aún cuando yo soy intransigente en las cosas del hogar, seguimos.

Paila Número Tres : Yo vs Nosotros

Fuimos para Nueva York a mediados de agosto. Lo habíamos pensado como una pre-luna de miel, pero la verdad es que resultó ser la paila número tres del infierno. Primero que nada, hay algo que no les he dicho: Frenchy es sólo medio Frenchy. Su mamá es danesa. Él nació en París y sólo ha ido a Dinamarca de vacaciones. Aún cuando pareciera ser más francés que la baguette, ese coño de madre es un vikingo. Yo por mi parte soy floja. Cuando viajo me gusta caminar lento y pararme cada tres horas para comerme un postre y tomarme una coca cola. Por eso nunca he ido al Salto Angel, esa mierda de cargar un paquete de 20kg todo el día para dormir en una carpa en la noche no va conmigo.

El primer día, el Vikingo no se dio tan duro. Sólo caminamos 10 kilómetros. Fuimos al tope de un rasca cielos par tomar fotos, nos comimos unos perros calientes en la calle, caminamos por Central Park y terminamos en el Museo de Historia Natural. El Musiú toma unas fotos arrechísimas. Mientras yo trato de sacarle provecho a las funciones de las cámaras y tomo puras mierdas, él sin el mínimo esfuerzo toma unas fotos increíbles. Por eso decidimos que él cargaría la cámara todo el día. Además que él casi nunca la soltaba. Yo le recomendé que se guindara la cámara en la correa del pantalón, pero “él no es ningún turista”.

Al salir del Museo, yo no podía caminar ni un metro más. Consciente que soy gorda y chiquita, él aceptó agarrar un taxi. En el camino al hotel, él vio una tienda de bicicletas y se quiso parar en ella. Le pedimos al taxista que nos dejara ahí mismo, y como buen taxista neoyorquino, nos pidió que nos bajáramos rápido. Le faltó darnos una patada para sacarnos. Nosotros movimos nuestro culo, entramos a la tienda, le compramos un regalo al hermanito y al salir, el Musiú me dice “dame la cámara para tomarle una foto a la tienda”. ¿Cómo que “dame la cámara”?

Empezamos a buscar por todas partes, la cámara no estaba con nosotros. Ambos sabemos que
él no soltó ese aparatico ni un instante, ambos sabemos que perdió la cámara, regalo de mi papá y de mi hermana. En ese momento estoy pensando, “Esto me pasa por huevona, no debí haberle prestado la cámara. Maldita sea, me cago en el mundo. ¡¡Todo por su culpa!!” Sé que lo que estoy pensando no lo puedo decir en voz alta, es muy fuerte y hasta injusto. A mí también se me perdió una cámara una vez, por eso mi hermana y mi papá me tuvieron que regalar otra. Yo sé que esas vainas pasan, que no es su culpa, pero no puedo evitar montar una cara de culo y pensar “¡¡POR TU CULPA!!”

(todo en francés)
Musiú : ¿Y entonces? ¿Qué hacemos ahora?
Ardi: ¿Cómo qué “qué hacemos ahora”? ¿Ni siquiera te importa que acabas de perder MI cámara? Como se nota que mis vainas no te duelen.
Musiú: Te estaba preguntando para ver si llamamos a la compañía de Taxi, o qué coño se hace en este país que tú conoces mejor que yo. Y para que sepas, a mí sí me duelen las buenas fotos que yo tomé.
Ardi: (pienso: gracias por sacarme en cara que no sé tomar buenas fotos coño de tu madre.)
Musiú: Quita esa cara de culo, deja de estarme culpando a mí.
Ardi: ¿A quién quieres que culpe?
Musiú: Tú debiste haberte asegurado que yo tenía la cámara conmigo. Tú tampoco revisaste si habíamos dejado algo en el taxi o no.
Ardi: (en tono de pobrecito necesita su mamá) Ayyy, pobrecito, ¿quieres que te agarre de la mano cuando crucemos la calle? ¿quieres que te limpie el culo también después de cagar?
Musiú: ¡¡Estoy harto de estar amarrado a una loca!!

¡¡¡DING DING DING!!!! ROUND TWO

Ardi: Y tú eres un connard! (Connard es un insulto en francés que quiere decir triple idiota).
Musiú: Y tú eres una loca, siempre cambias de humor así. Con razón tu hermana dice que eres bipolar.

¡¡¡DING DING DING!!! ROUND THREE

Ardi (en español): Eres un hijo de puta. Estoy harta de tus mariqueras.
Musiú: ¿Qué me dijiste?
Ardi (en español): No es mi culpa que no seas trilingüe como yo, imbécil!


Caminamos de donde nos había dejado el taxi hasta el hotel gritándonos por todas las calles. Él me gritaba en francés, yo le respondía en español. Fueron las diez cuadras más ofensivas del mundo. Cuando llegamos al hotel, ya estaba ladillada de caerme a gritos. Así que le dije, “te amo!” y todo se acabó ahí. Él me pidió perdón por haber perdido la cámara y por haberme llamado loca. Yo le pedí perdón por echarle la culpa cuando en verdad eso le podía pasar a cualquiera y por haberlo insultado en español.

Los dos días que nos quedaron en Nueva York fueron un infierno también. El Musiú quería conocerlo todo a pie. Sólo nos montamos en el metro una vez, de resto caminábamos unos 20 kilómetros diarios. Él iba feliz tomando fotos y caminando con sus piernas largas, sin ningún tipo de consideración por mí y mis dolores de espalda. Del agotamiento, yo no podía ni hablar ni sonreír. El Vikingo no entendía por qué yo no me estaba divirtiendo, por qué yo no estaba feliz con mis ampollas en los pies y mi sensación de agotamiento crónico. Sí entendió que había que asumirse como turista y guindarse la cámara en la correa.

Si estás dispuesto a viajar por el resto de tu vida con alguien que no lleva tu mismo ritmo, sigues. Si además tienes la capacidad de caerte a insultos en el medio de la calle y luego pasar a los besos, sigues.


Como ya este post es muy largo, y seguro no todos llegaron hasta el final, les dejo para mañana las últimas dos pailas del infierno. No se preocupen que ya ese post está redactado y pulido, lo único que falta es darle “POST”.


CONTINUARÁ





domingo, 4 de septiembre de 2011

El madness se casa

La gran pregunta, ¿cómo es eso que Ardi se va a casar? Pues sí señores, yo la que dije que nunca me casaría, yo la que veía fotos de gatos por internet para ver con cuál preferiría morir, yo la ahijada putativa de Simón de Beauvoir he decidido montarme un vestido blanco y casarme con el Musiú. Antes de que salga un agua fiesta a decir, ¿por qué el apuro? Mi respuesta, muy sincera y pensada, porque me da la gana.

Aunque ustedes no lo crean, yo tengo un corazón. No funciona muy bien y está medio jodido por todo el odio, pero de vez en cuando tengo mis momentos. A la segunda semana de estar con el Musiú me dije, “me jodí”. Supe desde muy temprano que me enamoraría perdidamente de él. Lo que no sabía es que él también se enamoraría de mí. Él también tiene el corazón un poco jodido de tanto odio. Nuestros momentos más románticos son cuando nos sentamos juntos a criticar a la gente. Cada vez que él dice “malditos pueblerinos del interior de Francia, ¿qué se creen? ¿parisinos?”, lo amo más.

En uno de mis momentos cursi, se me salió la frase que ninguna mujer debe decir, “me quiero casar contigo un día”. Ninguna mujer debería decir esto después de seis semanas con alguien, es la receta perfecta para espantar a un jevo. Pero el Musiú no salió corriendo, me dijo, “yo honestamente no creo en el matrimonio, pero si es importante para ti, podemos ir a la alcaldía ahora mismo”. Por una parte me alivió que él no quisiera salir corriendo y que estuviera dispuesto a amarrarse a esta loca. Pero ninguna mujer quiere escuchar “bueno, ponte pues, vamos a firmar esa vaina”. Me entristeció que él no creyese en el matrimonio. Pero ya va, hasta hace seis semanas yo tampoco creía en el matrimonio. Finalmente me encuentro con una persona que piensa como yo y me doy cuenta que no me gusta la manera como pienso.

Debí haberme callado, debí no hablar más nunca de ese tema, pero a la semana siguiente le pregunté, “¿y por qué no te quieres casar?” Terminamos hablando de por qué yo me quería casar y le dije, lo más cursi y estúpido del mundo, “porque quiero celebrar que encontré el amor de mi vida, que todo el mundo lo sepa.” Por lo visto esa idea se le quedó en la cabeza.

El día que me monté en el avión para Caracas y dejé al Musiú solo en Paris fue horrible. Empezamos los dos a llorar una semana antes del vuelo, y no dejamos de llorar hasta una semana después que yo estaba en Caracas. Yo nunca había llorado tanto, ni siquiera cuando me vine para Francia. Lo peor es que sólo íbamos a pasar cuatro semanas sin vernos.

Nos extrañamos tanto durante esas cuatro semanas que cada segundo que podíamos nos hablábamos por skype. Claro, esto no fluyó como Cuyagua con mi familia y mis amigos. Con el cambio de horario, yo a las 6 de la mañana ya estaba haciendo ruido en casa de mis papás y sólo quería salir después de las 6 de la tarde cuando el Musiú se acostaba a dormir. Cuando viajé con Maraca, Orquídea y B, las tres estaban obstinadas del skype. Todas me dijeron “tienes que establecer límites”, pero la verdad es que los dos nos queríamos hablar.
En una de esas conversaciones por Skype, el Musiú me salió con “estaba viendo anillos de compromiso por internet”. Yo sentí que el corazón se me iba a salir por la boca, quería gritar de la emoción y salir corriendo a decirle a mi mamá, pero en cambio le dije “¿ah sí? ¿y eso?” El, sintiendo lo mismo que yo, me respondió “no sé pues, por si algún día te pido la mano”. Durante una semana hablamos en hipotético. “Digamos que decidiéramos casarnos este año, ¿qué fecha te gustaría?” “Pues hipotéticamente, me gustaría el 28 de abril del 2012, el día que nos conocimos.”

Un día recibí una photo de una cajita roja. A la semana siguiente recibí al Musiú en el aeropuerto de Miami y el mismo día que llegó me preguntó si me quería casar con él, yo dije que sí.

Así que es cierto señores, ésta que está aquí se casa en abril. La boda civil en París y la boda por la iglesia en Caracas. Aun cuando estoy emocionada de casarme, y quiero honestamente pasar el resto de mi vida con el Musiú, lo último que quiero en la faz del universo es organizar una boda. Primero que nada, no quiero la típica boda venezolana. ¿Eso qué quiere decir? Eso quiere decir que no habrá ni banda en vivo, ni cotillón, ni un coño de esas mierdas. Aquí en París vamos a hacer una cena en un lugar bonito y a las 12 de la noche mandamos a todo el mundo a su casa. En Caracas, alquilaremos un parque infantil y haremos una piñata. Punto.

Es increíble como a todas las mujeres les emociona aquello de “organizar una boda”. Muy a lo “el hombrecito que tengo en mí”, quiero que el Musiú organice todo y me diga a qué hora y dónde. Pero dado que él trabaja diez horas de lunes a viernes, y que yo no hago ni la mitad, vamos a celebrar la mierda en Quick, el McDonalds francés. Se acabó la huevonada.

Ya el Musiú y yo estamos viviendo juntos. Hasta ahora todo va demasiado bien, tan bien que me preocupa que estemos delirando los dos. La próxima vez les contaré cómo pasamos algunas pruebas difíciles cuando estuvimos de viaje y cómo se porta el madness como ama de casa.

Así pues, hasta la próxima.

Ardi vs Madness

Mi foto
Estoy absolutamente convencida que estoy loca y la locura es mi más gran encanto. Soy filósofa, pero este blog ni se asoma a mis niveles de profunidad, aunque sí un toque de intensidad.