Esta semana he recibido cinco regaños de parte de amigos diferentes sobre mi abandono al blog. Tengo mil razones por las cuales no he escrito, pero la esencial es que no tengo sangre para darles. Mi panadería de pesimismo, sarcasmo y acidez anda como de vacaciones. Admito que extraño escribir para el blog y pensar ardi no publiques eso que te vas a meter en un peo, pero cuando llego a la computadora lo que quiero es cantar “Shiny Happy People” de R.E.M., bailar como Björk en su video “It’s oh so quiet” y abrazar los niños en la calle como si fuesen peluches rosados en un mundo de nubes felices. Estoy feliz y mi felicidad no entretiene sino a mi mamá.
Como no tengo mi sangre para darles, María Emilia : je suis desolée.
Era el cumpleaños de Candy, empezó con unos rones en mi casa y termino con tragos peligrosos en un local latino. Yo no recuerdo mucho, pero esto es lo que sí:
Después de cantarle cumpleaños a Candy en mi casa, fuimos para un bar muy piedreril, de esos que los tragos no cuestan casi nada pero terminas robado, violado e inconsciente. Con el primer tequila, el grupo de gente brindó normal, trago en la mano izquierda, miradas a los ojos para evitar 7 años de mal sexo y la frase clásica mexicana “pa’rriba, pa’bajo, pal centro, pa’dentro”. Para el segundo shot: “!VIVA VENEZUELA!”, tercer shot “¡VIVA COLOMBIA!”, cuarto shot “¡VIVA MÉXICO!”, quinto shot “¡VIVA ECUADOR!” y finalmente, para no dejar a la española afuera alguien dijo “¡VIVA ESPAÑA!”. En ese momento, la española de mierda ha bajado el vaso y dice con su acento catalán de mierda “Yo vengo de Cataluña”. Mira maldita pajúa, la verdad del asunto es que yo me cago en España, odio ese país de mierda tanto como odio a los niños, la única razón por la cual a alguien se le ocurrió brindar por tu adefesio de nación es para no hacerte sentir mal, pero ahora que tú nos has insultado a todos en la cara vamos a salir todas las latinas a darte una patada por cada gramo de oro que sacaron tus ancestros catalanes de nuestro país puta maldita. Quería matar a la desgraciada, “ay jeva, si tú quieres consejos de cómo librarte de la corona española, podrías tomar notas de nosotras. ¡MAMALA!” Quince minutos después la catalana de mierda se fue.
Comos se acostumbra en Lyon, a las 3 de la mañana prendieron las luces del local donde estábamos y mandaron a todo el mundo para su casa. Aquí las discotecas no se quedan toda la noche al menos que sean de esas donde el vodka te cuesta €15. Casi todos salimos para evitar la golpiza de los seguridad pero Candy y Dada creyeron que si le jalaban suficientes bolas al bar-tender las dejarían quedarse tomando hasta el amanecer. María Emilia estaba esperándolas afuera, tenía las piernas cruzadas y no paraba de decir “me estoy haciendo pipí, me estoy haciendo pipí”. Yo, siempre sensible a los problemas de los demás, le aconsejo que haga pipí detrás de un carro y me voy. Cuando regreso cinco minutos después, un amigo me dice “maariiiccaaaaa.. María Emilia se hizo pipí, vámonos”. ¡¿QUÉ?! Cuando veo a ver, María Emilia tenía los pantalones mojados y yo no podía parar de reírme del shock y porque soy una hija de puta.
Salgo corriendo y cuando veo a Candy, apenas pudiendo respirar, tratando de controlar las carcajadas le digo “maricaaa… María Emilia se hizo pipí…” - “No pana, no me jodas, ¿tú me estás hablando en serio?” Apenas Candy me vio besar mis dedos y decir “te lo juro por este puñao’e’cruces” supo que yo decía la verdad.
Hoy en día, cuando cualquiera de nosotros tiene ganas de ir al baño decimos “Tengo que hacer el María Emilia”. Cuando pasamos debajo de un puente que huele a pipí decimos “Por aquí estuvo María Emilia”. Con lo que sea que esté relacionado con ir al baño, decimos “algo algo algo, María Emilia".
Por los momentos, esto es todo lo que les tengo, un mero pasapalo. Quiero que sepan que pronto empiezo clases con Cookie y todos los profesores hijos de puta que contiene la patrie, en menos de una semana habrá más sangre para este blog, hasta entonces: cuidense de María Emilia.






