viernes 13 de enero de 2012

ardi vs Tití

Este año empezó con una revelación muy importante. Ustedes realmente no van a creer lo que les voy a decir, pero no fue sino hasta hace poco que me di cuenta que soy exageradamente dramática. Ahí lo tienen, me pueden escupir y decirme “mojonera, todo el mundo lo sabía, ¿cómo que tú no te habías dado cuenta?”. La verdad del asunto es que honestamente no me había dado cuenta. Siempre he estado consciente del toque de picante que le doy a mi vida en este blog, pero aparte de eso, siempre me había parecido que mis reacciones ante el mundo eran coherentes y proporcionales.

Un día en terapia estaba hablando de una estupidez y me terapeuta se quedó dormida. Así de insignificante habrá sido lo que le estaba contando que la jeva no pudo evitar dormirse. En ese momento me dije “¿qué coño estoy haciendo yo en terapia?” Y fue justo ahí donde me di cuenta. “Qué exagerada soy viniendo a terapia por esto”. Después de pronunciar esa frase, vi mi vida pasar ante mis ojos. Recordé momentos de mi vida pero ahora los vi bajo otra perspectiva. Por ejemplo, recordé cuando a los 4 años entré en una tienda y agarré un juguete cualquiera. Como cualquier niño se lo mostré a mi mamá y le dije “Mami, mira este juguete, comprámelo”. Cuando eres niño piensas que el dinero sale de unas maquinas que están pegadas en las paredes, piensas que no hay ningún tipo de límites. “Devuelvelo ardilla” me ordenó mi mamá. En ese momento me di cuenta que capaz iba a tener que vivir mi vida sin ese juguete y que capaz no sobreviviría sin él. “Mami, te lo ruego, por favor, comprame este juguete. Te prometo que será el último juguete que te pediré en mi vida, nunca he querido nada tanto como quiero este juguete ahora. Por favor.” Cualquier otro niño hubiese llorado, de repente armado una pataleta, pero yo no. Yo armaba todo un drama psicológico. Me moriré sin este juguete de plástico pensaba ya a los 4 años. (Mami, por favor deja un comentario en este blog diciendo que todo lo que estoy diciendo no es mentira.)

Mil imágenes como ésta se pasearon por mi mente. Tantas veces que exageré. Otro ejemplo, mi depresión. Cualquier otro adolescente con problemas se hubiese hecho un tatuaje, emborrachado en la calle, escuchado música emo. Pero no, a Ardi no le basta hacer las cosas como todos los demás. No señor, ardi tiene que armar toda una escena ridícula y poner la torta. Ardi exageró su depresión y terminó en un psiquiátrico. ¿No es ridículo? Muy ridículo. Me siento avergonzada. Como si hubiese pasado 26 años de mi vida con las tetas al aire sin darme cuenta y viniese de darme cuenta que todo el mundo me las vio.

Ahora que sé que soy una ridícula, ¿qué hago? Por un lado podría convertirme en alguien cuerdo y coherente, pero qué ladilla. El mundo necesita payasos y vamos a estar claros, yo me río de mis payasadas mucho más que ustedes. Pero también es cierto que mi ridiculez tiene su lado oscuro, como cuando publico la mamahuevada que publiqué respecto al Musiú. No es que la violencia doméstica no sea un tema importante a tratar, pero yo no soy quién para hablarles de ella. Yo puedo hablarles de depresión, esquizofrenia y ridiculez, pero no de maltrato. Fue una hija de putada exponer mi relación con él de esa manera, me arrepiento.

El show del madness continuará, pero les advierto, está basado en la exageración y la ridiculez. Si se me vuelve a salir un post emo como el último, lancénme tomates como lo hicieron Melasa y Sosa.

En este momento de mi vida estoy contenta. Hace algunos meses tomé la decisión de ver qué pasaba y estoy más que satisfecha con los resultados. Si no he escrito no es porque el Musiú me haya amezado tipo “si vuelves a escribir algo en tu puto blog te mato” mientras lanza una botella de licor al piso. Ese es el Musiú que describí en el último post, el verdadero me dice a cada momento: “deberías escribir sobre esto”. La verdad es que no he escrito nada por dos razones fundamentales. Primero, nadie quiere leer buenas noticias aquí. Estos últimos meses no he tenido sino buenas noticias. Segundo, sé que perdí la credibilidad de mis lectores. He tenido miedo de los tomates que me lanzarán después de este post, me los imagino dejando comentarios al estilo de “el coño de tu madre MAMAHUEVA!”. Dense duro, me lo merezco.

Para cambiar un poco el tema, les voy a contar algo. Resulta ser que hay un miembro nuevo en mi familia. Se llama “Tití”, es una bulldog inglés y estoy enamorada. No se pueden imaginar hasta qué punto estoy babeada por Tití. Estas navidades el Musiú y yo decidimos darnos un regalo en común, una cachorrita. Fuimos a un pueblito en el norte de Francia donde había una criadera de bulldogs. Ahí la vimos, chiquita, hermosa, tranquilita. La dejamos con su mamá-biológica hasta que pasaran las navidades y hace dos semanas la trajimos a la casa.


Los primeros dos días pasé cada instante de mi día con Tití. Aún cuando ella huele medio mal, la abrazo, la beso, la cargo, la amapucho y en general la malcrío. La primera vez que salí de la casa sin ella, apenas cerré la puerta me guindé a llorar. Me imaginaba a mi cachorra sola, perdida, sin su mamá y sin nadie. Me la imaginaba llorando y dándole con sus paticas a la puerta ladrando “por qué me has abandonado Dios, por qué??”. ¿Qué clase de mamá-bulldog deja a su cachorro solo? Tuve que dejarla porque tenía un examen y no podía dejar de ir. Además sé que hay que enseñarles a estar solos. Cuando por fin terminé la prueba, corrí hacia la casa. En el camino me imaginaba a Tití aún en la puerta, agotada de tanto llorar. Subí corriendo las escaleras y cuando llegué al apartamento no la vi por ninguna parte. Pensé que se había muerto de la tristeza, resultó ser que Tití estaba durmiendo en su casita como si nada. Repito: exageradamente dramática.

Exagerada como soy, desde que supe que tendría una cachorrita con el Musiú, me he leído tres libros sobre los bulldog inglés. Lo más importante que aprendí es que los bully son muy delicados. Son perros con la piel, estómago, respiración, huesos, oídos, ojos, todo, sensible (como yo). La semana pasada, cuando llegué a la casa después de una clase, vi a Tití rascándose la patica. La paré y cuando vi su piernita rosadita casi me dio un infarto. Si existiese algo como una ambulancia veterinaria, yo la hubiese llamado llorando pegando gritos “MI CACHORRA SE ESTÁ MURIENDO, VENGAN YA!”. Por supuesto, si Tití se estaba muriendo era por culpa mía. “Seguro la estoy matando con la comida que le estoy dando, de repente son los juguetes que le di que están envenenados, de repente es el aire que le está causando una reacción alérgica, o capaz es el sol que le está dando cáncer en la piel”. Inmediatamente llamé al Musiú y le dije “llama a la veterinaria, es urgente”. Él saltó un poco y me preguntó “¿Qué pasó?”. Le cuento lo que vi y me dice “ardi, es normal, los perros se rascan”. Yo le respondí, “pero no se rascan como se rasca ella, está rosada”. Me aseguró una vez más que era normal y yo, para que me parara bolas, mentí un poco y le dije “está roja casi sangrando”. Ahí llamó a la veterinaria.

La veterinaria nos dio cita para la noche. Yo pensé “qué irresponsable esta mujer, mi cachorra con la pata rosada, rascándose, y ella no me manda la ambulancia? ¡Maldita!” Pasaron las horas más largas de mi vida. Tití por su lado siguió mordiendo todo, haciendo pipí en el medio de la sala y durmiendo; como si nada. A las 6:30pm llegó por fin el momento de la verdad, el momento donde yo le mostraría al Musiú y a la veterinaria que Tití pudo haber muerto por culpa de su negligencia. Estaba convencida además que la veterinaria me pediría perdón diciéndome “Mademoiselle Bello, usted tuvo razón de traer a la pequeña, de haber sabido que Tití tenía esta enfermedad tan grave, le hubiese mandado la ambulancia veterinaria. Discúlpeme”.

La veterinaria empezó a examinar a Tití y me preguntó, “¿dónde es que Tití se estaba rascando?” Para mí era evidente, quería decirle “ahí donde tiene la piel en carne viva”, pero resultó ser que cuando me acerqué a Tití, ni yo misma encontraba su cáncer de piel. Pues sí señores, resulta ser que los perros se rascan. Además, como Tití es mitad blanca, su piel es rosadita en el fondo. Es rosadita en su barriguita, rosadita en sus paticas, y en su corazoncito de mamá.

Voy a montar un video de mí con Tití. Les advierto que les va a dar asco el nivel de cursilería. No se imaginan en lo que me he convertido. Prepárense además porque siento que este blog se va a convertir en ardi vs tití.



video

jueves 8 de septiembre de 2011

Parte Dos : Sangre de Suegra


Como les iba diciendo, no es fácil saber el buen momento para casarse. Sólo después que pasas las cinco pailas del infierno, puedes sentirte más seguro de tu decisión. Aquí les presento la segunda parte de esta trilogía.

Paila Número Cuatro : Suegra en francés se dice Belle-Mère (Madre-Bella)

Je suis désolée chéri...

De ésta no se salva nadie. Mi mamá siempre dice, “uno no se casa sólo con la persona, te casas con la familia también”. Si de por sí, muchas veces nos es extremadamente difícil soportar la familia que tenemos, es mucho peor aceptar la familia del otro.

El primer miembro de la familia que yo conocí fue la Suegra. El Musiú me había contado un poquito sobre ella. Nació en un pueblito en Dinamarca y en su adolescencia se fascinó por cultura francesa. A los dieciocho años se vino a París para aprender francés y vivir la experiencia francesa durante un año. En ese tiempo conoció al papá del Musiú y al cabo de cierto tiempo tuvieron un hijo y se casaron. Además, sabía que la mujer trabaja como consejera y profesora en un Liceo de niños conflictivos, entiéndase malandros y prostitutas.

Al principio todo sonaba muy interesante. La primera vez que conocí a la Suegra, ella fue muy simpática conmigo. No tardamos en tener una conversación interesante. Después de todo, esta señora estudió filosofía durante un año y leyó las obras de Kant y Hegel en alemán. Lo único que sí me extrañaba es que el Musiú vigilaba cada palabra que decía su mamá, cada gesto. A la primera que la mamá decía algo medio fuera de lugar, el Musiú saltaba como un perro y la ponía en su lugar. Pensé, “el Musiú sí es necio con su mamá, que la deje hablar en paz conchale”. Pasamos el día muy bien, todo relativamente tranquilo. Me encariñé con la señora rápidamente y hasta pensé, “mi suegra es perfecta”. Pero al despedirnos me dijo algo que me hizo pensar dos veces aquello de la suegra perfecta. “La verdad Adriana es que yo no te quería conocer hasta septiembre. Mi hijo ha traído tantas novias a la casa, que antes de encontrarte quería darle dos meses más a la relación. Tú sabes, para ver si dura o no. Pero bueno, como se van juntos para los Estados Unidos, quería al menos saber con quién. De todas todas, no me arrepiento, eres una niña muy amable y muy simpática.”

En ese momento me di cuenta que esta mujer sabe metertelo sin que te des cuenta. En menos de un minuto me dijo “eres una más, esto no durará, pero eres simpática y amable”. Yo respiré profundo y pensé “ardi, déjalo pasar”. Pero mientras me concentraba en no darle importancia, más cara de culo ponía. El Musiú no tardó en preguntarme, “¿qué te pasa? ¿estás bien?”. Una vez que el Musiú hace esas preguntas, no hay manera de esquivarlas. Un “no me pasa nada” no basta. El preguntará hasta que digas exactamente lo que sientes. Me atreví a decirle lo que pensaba, “bueno, no me gustó mucho lo que me dijo tu mamá al final. ¿Es cierto que las traes a todas a la casa?”

“Yo sabía que no debí haberte presentado a mi mamá”, me dijo el Musiú. Debo admitir que yo tenía cierto apuro en conocer a la señora. Por un lado quería ver un poco su casa, de dónde viene, cosas esenciales antes de comprometerme con él. Por otra lado, quería sentir que la relación era lo suficientemente seria como para que ambos conociéramos a nuestros padres. Cuando el Musiú me dijo “sabía que no debí haberte presentado a mi mamá”, yo escuché “es demasiado temprano para comprometernos a este punto”. Me tomaron algunos días para darme cuenta que lo que él quería decir era, “mi mamá a veces no piensa lo que dice, no quería espantarte tan temprano”.

Ojalá ese tipo de comentarios se hubiesen parado ahí. Pero mi suegra tiene un don para decir las vainas más desagradables. El problema de esta señora es que es demasiado honesta. Yo no dudo que ella piense que yo soy simpática como persona. Con ella he sido lo más agradable posible. Pero ella no lo duda ni un segundo antes de decirme que no cree en mi relación con el Musiú y que además no está de acuerdo con el estilo de vida que llevo. Déjenme hacer una breve lista de las perlas que ha soltado esta señora.

  • “Adriana, mi hijo me dijo que te gustaría la canción “Lay lady Lay” para tu matrimonio. Esa canción no me gusta. Neil Young es mejor.”
  • “De verdad que la hija de la Ex del Musiú era adorable. Extrañaré esa niñita en nuestros paseos.”
  • “El monedero que le regalaron tus papás a mi hijo no me gusta, prefiero el que él tenía.”
  • “Me sorprendió que le cayeras bien a mi hijo menor, sobre todo por que él pensaba que tú serías una presumida. Tú sabes, por el estilo de vida que tienen tú y tu familia.”
  • “El Musiú me dijo que no hablara de su ex-novia porque a ti no te gusta. Tienes que entender que él tiene un pasado.”
  • “Deberías aprender a hacerle las tortas danesas a mi bebé.”
  • “Yo no me voy a entusiasmar mucho con el matrimonio de ustedes, aún falta mucho para abril.”
  • “Yo lo único que quiero es que mi hijo encuentre una mujer que lo haga feliz.”


Déjenme pararme un segundo en aquello de “deberías aprender a hacerle las tortas danesas a mi bebé”. Primero que nada, tu bebé tiene dos manos y puede prepararse él mismo su m...erienda. En segundo lugar ¿ACASO YO SOY DANESA? ¡NO! ¿Acaso yo le ando pidiendo al Musiú que me prepare hallacas? Menos mal que la Suegra había estudiado en la Sorbona, se nota que no se tomó ni cinco minutos para interesarse a las ideas de Simone de Beauvoir.

De todos los comentarios que ha dicho, sólo ha habido uno capaz de explotar como una bomba entre el Musiú y yo. Habíamos ido a casa del hermano a cenar. Su novia había preparado una cena deliciosa, nos sirvieron champaña, ron venezolano y un vino espectacular. La conversación era de los más agradable cuando de repente el hermano empezó a hablar de la mamá. “Por cierto, no les había dicho, tú puedes creer que mi mamá dijo que los papás de Adriana tenían cara de “niches con rial”.

Así, mientras en mi familia habíamos hablado de invitar a la señora, de recibirla en la casa para el matrimonio, esa P...ersona anda diciendo que mis papás son unos monos. Vamos a repasar unos puntos. Primero que nada, digamos que efectivamente mi mamá se llama Yuriguindeixi y que mi papá se llama Yonfrey. Digamos que mis papás no le echaron bola. Digamos que a mi papá no lo becaron para estudiar en la misma universidad donde Einstein dio clases y que a mi mamá le regalaron su primer apartamento a los 18 años. Digamos que mis papás venden drogas en Petare y por eso tiene “rial”. ¿Qué coño hace el hermano echándole paja a su mamá? ¿Por qué carajo querría yo saber lo que piensa esa señora de mi familia?

A mí me parece absolutamente normal hablar paja de la otra familia. Yo lo hago todos los días con mi mamá. Hasta ahora, nunca me había atrevido a publicar nada porque, para empezar, nunca me había sentido así de ofendida, y segundo, porque quise hacer todo lo posible para establecer una buena relación con esa co...madre. Pero desde hace unos días, me doy cuenta que ya he soportado demasiado. Así que en vez de asumir mi problema como alguien maduro y atacarlo de una manera diferente, heme aquí en ardi vs madness, publicando por internet “mi suegra me cae más mal que mondongo hecho con agua del Guaire”.

Ustedes dirán que la mamá es mejor que yo, que al menos ella me dice que no le caigo bien en mi cara. La verdad es que tienen razón. Yo no debería dejarme meter su cizaña por el culo. Después de esta última respecto a mis padres, muchas cosas van a cambiar entre mi Belle-Mère y yo. Ojo por ojo ...madre. Espero que estén preparados en el blog para toda la sangre que viene. Si la vieja viene a nuestra boda en Venezuela, la vamos a mandar a un hotel bien podrido en Plaza Venezuela. Total, como ella es de la izquierda europea y dice que tener dinero es malo, la voy a mandar con el pueblo. Que agarre que jode carrito en Caracas, que vea bien lo que sí es niche para que después venga a hablar paja de mi familia. ¡Que coma m...erienda!

Se estarán preguntando, “¿el Musiú va leer esto?” Claro que sí. Yo se lo voy a traducir esta noche cuando llegue a la casa. Si el Musiú está dispuesto a casarse conmigo, aún cuando su mamá y yo no nos entendemos muy bien, entonces seguimos.

***

Otra vez me excedí, escribí un post tan largo que tengo que cortarlo en dos. Así les dejo para la próxima la última paila del infierno.


CONTINUARÁ


Nota: Me encantaría mucho escuchar las anécdotas de ustedes con sus respectivas suegras. Tomense la absoluta libertad de escribirme, pueden dejar un comentario en el blog, mandarme un correo o meterse en el Facebook del madness. Hasta mañana.

martes 6 de septiembre de 2011

Siempre habrá Sangre en el Madness



Desde el primer momento que el Musiú me dijo que tenía el anillo, no pude aguantar las ganas de decirle a toda mi familia que me iba a casar. Poco a poco, se me fue saliendo de manera drástica. En vez de traer primero el novio a la casa, presentárselo a la abuela e ir recolectando poco a poco las opiniones de mis tías y mis tíos, mantuve al jevo bajo la manga. De repente, un día mientras estaba con mis primas y mis tías dije “ME VOY A CASAR”. Después de dos segundos de silencio absoluto, alguien preguntó, “¿no es muy temprano?”. Buena pregunta, ¿no es demasiado rápido comprometerte con alguien después de sólo cuatro meses de noviazgo?

Por el otro lado está Pupú. Desde hace más de un año ella está enamorada de Nature Boy y él de ella. Por la primera vez en nuestras vidas, vemos a la Pupú radiante. Tenemos suerte además porque Nature Boy nos cae demasiado bien. Él es lo suficientemente ácido como para reírse de mis chistes, lo suficientemente dulce como para ganarse a mi mamá y con suficiente carácter para no dejarse intimidar por el viejo. Se sabe que un día estos dos tórtolos se van a casar, aún cuando ellos no han anunciado nada oficial. Pero por supuesto, a la familia no nos basta verlos feliz y juntos. Al cabo de siete meses de relación, empezamos todos a preguntar “¿y cuándo se van a casar?” Por ahí se está regando el chisme que ya los dos han hablado del tema, pero aún no hay fecha. A través de rumores y llamadas por teléfono entre mi mamá y mis tías, tenemos a los pobres obstinados. Así surge la gran pregunta, ¿no se están tardando demasiado?

Como verán, no es fácil. ¿Cómo puede saber uno cuándo es el buen momento para casarse? Señores, les tengo la respuesta. Hay que atravesar el inframundo con la persona que amas. Si después de sobrevivir las cinco pailas del infierno aún tienes ganas de pasar el resto de tu vida con el coño de madre, entonces es el momento.

Paila Número Uno : Baguette vs Arepa

Cuando yo conocí al Musiú, él no tomaba, ni fumaba, ni bailaba pegado. Esto me parecía del carajo. Me sentía segura con él, como si estuviese con alguien fuerte que me ayudaría a evitar los vicios que tanto me atormentan. ¿Recuerdan el post Busco un Vicio?

Todo eso se acabó una vez que el Musiú conoció a mi familia venezolana. En Venezuela, todos tenemos al menos un vicio. El que no toma, fuma. El que no fuma, toma. Y el que no fuma ni toma, baila reggaeton. Cuando alguien no hace ninguna de las tres, empieza el acoso criollo. La primera vez que mis padres le ofrecieron al Musiú algo de tomar, y él pidió un vaso de agua, hubo una tensión extraña en la casa. “¿Estás seguro? ¿NI SIQUIERA un vinito?” Para los venezolanos el vino no es caña, es jugo para acompañar la comida. Con el cuentico de “un vinito para la comida”, el Musiú terminó tomando hasta Limoncello. Sólo les voy a decir que después de pasar dos semanas con mi familia, ahora el Musiú toma y fuma. El muchacho ahora me tiene los vicios. Resulta ser que el carajito era igual que yo, le gustaba echarse palos hasta la madrugada, hizo cosas muy estúpidas en su juventud y cuando decidió madurar lo dejó todo. Yo retomé la caña, el retomó la caña y el cigarrillo.

Yo que pensé que me había comprado una baguette terminé con senda reina pepiada. Un día en casa de mis padres, él y sus vicios me sacaron la piedra. Habíamos cenado, hecho la sobremesa y mis padres se habían acostado a dormir. Sólo quedaba B, Pupú, Nature Boy, el Musiú y yo. Mi hermana se fue a ver televisión, yo me quedé dormida al lado de ella y los otros tres salieron al patio a fumarse sus cigarritos y echarse los últimos cuentos de la noche. De tanto tomar, el Musiú va para el baño y al salir me ve dormida. Me despierta y me dice “ya nos vamos”. Para mí, cuando alguien me dice “ya nos vamos”, eso quiere decir “en este momento nos vamos a despedir de la gente porque nos regresamos a casa.” Yo medio dormida me paro, salgo al patio con el Musiú y empezamos a despedirnos de la gente. Cuando llego a la puerta lista para salir, me doy cuenta que estoy sola. Supuse que el Musiú no tardaría en salir, pero veo que el tiempo pasa y nada. Cuando salgo a buscarlo, me encuentro al coño de madre sentado fumándose un cigarrillo. Al ver mi cara de arrechera me dijo la frase que más odio en el mundo, “me fumo el último cigarrito y nos vamos”. Mira coño de tu madre, anda a fumarte el último cigarrito en el carajo viejo. La cuaima que tengo adentro salió con todo y le dije en el tono más histérico “YO me voy. Buenas noches”.

Todos nos vendemos al principio de una relación. Muestras tu mejor lado y ocultas todas las vainas que crees que podrían acabar con la relación. Sabes que la relación es fuerte cuando te sientes capaz de soportar los defectos de la otra persona. Yo por mi parte, estoy dispuesta a casarme con Frenchy aún cuando sé que seguramente en el fondo es más venezolano que una arepa. Con tal que el hijo de puta no me llegue a las 7 de la mañana borracho oliendo a burdel, seguimos.

Paila Número Dos : Primero muerta que ama de casa

Gracias a Madonna, yo empecé a ser feminista desde chiquita. Cuando yo veía que a la hora de comer mi mamá, mi hermana y yo hacíamos todo mientras mi papá comía sin ni siquiera esperarnos para empezar ni quedarse con nosotras hasta el final, comenzó todo un peo en mi cabeza. Me prometí que nunca me vería en una relación así. Sigo pensando lo mismo, primero muerta que ama de casa. Me parece denigrante tener que hacer las labores de la casa sólo porque eres mujer. Estoy absolutamente convencida que los hombres, aún cuando son mongólicos y les cueste una bola, son capaces de hacer cosas del hogar. Está más que comprobado que las mujeres podemos con todo.

El Musiú fue criado por una Patrie que tiene “Liberté, Égalité, Fraternité” inscrito en todas las instituciones del Estado. En Francia, sobre en todo en París, esa visión de “hombre trabajo, mujer casa” murió hace algunos años. Desde que nos mudamos juntos, hacemos todo juntos, desde arreglar la cama hasta lavar la ropa. El único problema es que la semana pasada Frenchy empezó a trabar diez horas diarias, yo sigo de vacaciones. Mientras yo estoy aquí escribiendo en el blog, pensando “¿qué voy a hacer con las otras nueve horas? ¿siesta o ver una película?”, él está sacándose la mierda en el trabajo pensando “¿cómo voy a terminar todo esto en sólo nueve horas?”. Lo más lógico es que yo me encargue al máximo de la casa, dado mi tiempo libre.

Me sabe a mierda si él trabaja diez horas o no. Yo voy a ver películas, sacarme las cejas y dar vueltas por la casa hasta que él llegue a las 7 de la noche mamado para ir a lavar la ropa. Si él está dispuesto a quedarse conmigo, aún cuando yo soy intransigente en las cosas del hogar, seguimos.

Paila Número Tres : Yo vs Nosotros

Fuimos para Nueva York a mediados de agosto. Lo habíamos pensado como una pre-luna de miel, pero la verdad es que resultó ser la paila número tres del infierno. Primero que nada, hay algo que no les he dicho: Frenchy es sólo medio Frenchy. Su mamá es danesa. Él nació en París y sólo ha ido a Dinamarca de vacaciones. Aún cuando pareciera ser más francés que la baguette, ese coño de madre es un vikingo. Yo por mi parte soy floja. Cuando viajo me gusta caminar lento y pararme cada tres horas para comerme un postre y tomarme una coca cola. Por eso nunca he ido al Salto Angel, esa mierda de cargar un paquete de 20kg todo el día para dormir en una carpa en la noche no va conmigo.

El primer día, el Vikingo no se dio tan duro. Sólo caminamos 10 kilómetros. Fuimos al tope de un rasca cielos par tomar fotos, nos comimos unos perros calientes en la calle, caminamos por Central Park y terminamos en el Museo de Historia Natural. El Musiú toma unas fotos arrechísimas. Mientras yo trato de sacarle provecho a las funciones de las cámaras y tomo puras mierdas, él sin el mínimo esfuerzo toma unas fotos increíbles. Por eso decidimos que él cargaría la cámara todo el día. Además que él casi nunca la soltaba. Yo le recomendé que se guindara la cámara en la correa del pantalón, pero “él no es ningún turista”.

Al salir del Museo, yo no podía caminar ni un metro más. Consciente que soy gorda y chiquita, él aceptó agarrar un taxi. En el camino al hotel, él vio una tienda de bicicletas y se quiso parar en ella. Le pedimos al taxista que nos dejara ahí mismo, y como buen taxista neoyorquino, nos pidió que nos bajáramos rápido. Le faltó darnos una patada para sacarnos. Nosotros movimos nuestro culo, entramos a la tienda, le compramos un regalo al hermanito y al salir, el Musiú me dice “dame la cámara para tomarle una foto a la tienda”. ¿Cómo que “dame la cámara”?

Empezamos a buscar por todas partes, la cámara no estaba con nosotros. Ambos sabemos que
él no soltó ese aparatico ni un instante, ambos sabemos que perdió la cámara, regalo de mi papá y de mi hermana. En ese momento estoy pensando, “Esto me pasa por huevona, no debí haberle prestado la cámara. Maldita sea, me cago en el mundo. ¡¡Todo por su culpa!!” Sé que lo que estoy pensando no lo puedo decir en voz alta, es muy fuerte y hasta injusto. A mí también se me perdió una cámara una vez, por eso mi hermana y mi papá me tuvieron que regalar otra. Yo sé que esas vainas pasan, que no es su culpa, pero no puedo evitar montar una cara de culo y pensar “¡¡POR TU CULPA!!”

(todo en francés)
Musiú : ¿Y entonces? ¿Qué hacemos ahora?
Ardi: ¿Cómo qué “qué hacemos ahora”? ¿Ni siquiera te importa que acabas de perder MI cámara? Como se nota que mis vainas no te duelen.
Musiú: Te estaba preguntando para ver si llamamos a la compañía de Taxi, o qué coño se hace en este país que tú conoces mejor que yo. Y para que sepas, a mí sí me duelen las buenas fotos que yo tomé.
Ardi: (pienso: gracias por sacarme en cara que no sé tomar buenas fotos coño de tu madre.)
Musiú: Quita esa cara de culo, deja de estarme culpando a mí.
Ardi: ¿A quién quieres que culpe?
Musiú: Tú debiste haberte asegurado que yo tenía la cámara conmigo. Tú tampoco revisaste si habíamos dejado algo en el taxi o no.
Ardi: (en tono de pobrecito necesita su mamá) Ayyy, pobrecito, ¿quieres que te agarre de la mano cuando crucemos la calle? ¿quieres que te limpie el culo también después de cagar?
Musiú: ¡¡Estoy harto de estar amarrado a una loca!!

¡¡¡DING DING DING!!!! ROUND TWO

Ardi: Y tú eres un connard! (Connard es un insulto en francés que quiere decir triple idiota).
Musiú: Y tú eres una loca, siempre cambias de humor así. Con razón tu hermana dice que eres bipolar.

¡¡¡DING DING DING!!! ROUND THREE

Ardi (en español): Eres un hijo de puta. Estoy harta de tus mariqueras.
Musiú: ¿Qué me dijiste?
Ardi (en español): No es mi culpa que no seas trilingüe como yo, imbécil!


Caminamos de donde nos había dejado el taxi hasta el hotel gritándonos por todas las calles. Él me gritaba en francés, yo le respondía en español. Fueron las diez cuadras más ofensivas del mundo. Cuando llegamos al hotel, ya estaba ladillada de caerme a gritos. Así que le dije, “te amo!” y todo se acabó ahí. Él me pidió perdón por haber perdido la cámara y por haberme llamado loca. Yo le pedí perdón por echarle la culpa cuando en verdad eso le podía pasar a cualquiera y por haberlo insultado en español.

Los dos días que nos quedaron en Nueva York fueron un infierno también. El Musiú quería conocerlo todo a pie. Sólo nos montamos en el metro una vez, de resto caminábamos unos 20 kilómetros diarios. Él iba feliz tomando fotos y caminando con sus piernas largas, sin ningún tipo de consideración por mí y mis dolores de espalda. Del agotamiento, yo no podía ni hablar ni sonreír. El Vikingo no entendía por qué yo no me estaba divirtiendo, por qué yo no estaba feliz con mis ampollas en los pies y mi sensación de agotamiento crónico. Sí entendió que había que asumirse como turista y guindarse la cámara en la correa.

Si estás dispuesto a viajar por el resto de tu vida con alguien que no lleva tu mismo ritmo, sigues. Si además tienes la capacidad de caerte a insultos en el medio de la calle y luego pasar a los besos, sigues.


Como ya este post es muy largo, y seguro no todos llegaron hasta el final, les dejo para mañana las últimas dos pailas del infierno. No se preocupen que ya ese post está redactado y pulido, lo único que falta es darle “POST”.


CONTINUARÁ





domingo 4 de septiembre de 2011

El madness se casa

La gran pregunta, ¿cómo es eso que Ardi se va a casar? Pues sí señores, yo la que dije que nunca me casaría, yo la que veía fotos de gatos por internet para ver con cuál preferiría morir, yo la ahijada putativa de Simón de Beauvoir he decidido montarme un vestido blanco y casarme con el Musiú. Antes de que salga un agua fiesta a decir, ¿por qué el apuro? Mi respuesta, muy sincera y pensada, porque me da la gana.

Aunque ustedes no lo crean, yo tengo un corazón. No funciona muy bien y está medio jodido por todo el odio, pero de vez en cuando tengo mis momentos. A la segunda semana de estar con el Musiú me dije, “me jodí”. Supe desde muy temprano que me enamoraría perdidamente de él. Lo que no sabía es que él también se enamoraría de mí. Él también tiene el corazón un poco jodido de tanto odio. Nuestros momentos más románticos son cuando nos sentamos juntos a criticar a la gente. Cada vez que él dice “malditos pueblerinos del interior de Francia, ¿qué se creen? ¿parisinos?”, lo amo más.

En uno de mis momentos cursi, se me salió la frase que ninguna mujer debe decir, “me quiero casar contigo un día”. Ninguna mujer debería decir esto después de seis semanas con alguien, es la receta perfecta para espantar a un jevo. Pero el Musiú no salió corriendo, me dijo, “yo honestamente no creo en el matrimonio, pero si es importante para ti, podemos ir a la alcaldía ahora mismo”. Por una parte me alivió que él no quisiera salir corriendo y que estuviera dispuesto a amarrarse a esta loca. Pero ninguna mujer quiere escuchar “bueno, ponte pues, vamos a firmar esa vaina”. Me entristeció que él no creyese en el matrimonio. Pero ya va, hasta hace seis semanas yo tampoco creía en el matrimonio. Finalmente me encuentro con una persona que piensa como yo y me doy cuenta que no me gusta la manera como pienso.

Debí haberme callado, debí no hablar más nunca de ese tema, pero a la semana siguiente le pregunté, “¿y por qué no te quieres casar?” Terminamos hablando de por qué yo me quería casar y le dije, lo más cursi y estúpido del mundo, “porque quiero celebrar que encontré el amor de mi vida, que todo el mundo lo sepa.” Por lo visto esa idea se le quedó en la cabeza.

El día que me monté en el avión para Caracas y dejé al Musiú solo en Paris fue horrible. Empezamos los dos a llorar una semana antes del vuelo, y no dejamos de llorar hasta una semana después que yo estaba en Caracas. Yo nunca había llorado tanto, ni siquiera cuando me vine para Francia. Lo peor es que sólo íbamos a pasar cuatro semanas sin vernos.

Nos extrañamos tanto durante esas cuatro semanas que cada segundo que podíamos nos hablábamos por skype. Claro, esto no fluyó como Cuyagua con mi familia y mis amigos. Con el cambio de horario, yo a las 6 de la mañana ya estaba haciendo ruido en casa de mis papás y sólo quería salir después de las 6 de la tarde cuando el Musiú se acostaba a dormir. Cuando viajé con Maraca, Orquídea y B, las tres estaban obstinadas del skype. Todas me dijeron “tienes que establecer límites”, pero la verdad es que los dos nos queríamos hablar.
En una de esas conversaciones por Skype, el Musiú me salió con “estaba viendo anillos de compromiso por internet”. Yo sentí que el corazón se me iba a salir por la boca, quería gritar de la emoción y salir corriendo a decirle a mi mamá, pero en cambio le dije “¿ah sí? ¿y eso?” El, sintiendo lo mismo que yo, me respondió “no sé pues, por si algún día te pido la mano”. Durante una semana hablamos en hipotético. “Digamos que decidiéramos casarnos este año, ¿qué fecha te gustaría?” “Pues hipotéticamente, me gustaría el 28 de abril del 2012, el día que nos conocimos.”

Un día recibí una photo de una cajita roja. A la semana siguiente recibí al Musiú en el aeropuerto de Miami y el mismo día que llegó me preguntó si me quería casar con él, yo dije que sí.

Así que es cierto señores, ésta que está aquí se casa en abril. La boda civil en París y la boda por la iglesia en Caracas. Aun cuando estoy emocionada de casarme, y quiero honestamente pasar el resto de mi vida con el Musiú, lo último que quiero en la faz del universo es organizar una boda. Primero que nada, no quiero la típica boda venezolana. ¿Eso qué quiere decir? Eso quiere decir que no habrá ni banda en vivo, ni cotillón, ni un coño de esas mierdas. Aquí en París vamos a hacer una cena en un lugar bonito y a las 12 de la noche mandamos a todo el mundo a su casa. En Caracas, alquilaremos un parque infantil y haremos una piñata. Punto.

Es increíble como a todas las mujeres les emociona aquello de “organizar una boda”. Muy a lo “el hombrecito que tengo en mí”, quiero que el Musiú organice todo y me diga a qué hora y dónde. Pero dado que él trabaja diez horas de lunes a viernes, y que yo no hago ni la mitad, vamos a celebrar la mierda en Quick, el McDonalds francés. Se acabó la huevonada.

Ya el Musiú y yo estamos viviendo juntos. Hasta ahora todo va demasiado bien, tan bien que me preocupa que estemos delirando los dos. La próxima vez les contaré cómo pasamos algunas pruebas difíciles cuando estuvimos de viaje y cómo se porta el madness como ama de casa.

Así pues, hasta la próxima.

miércoles 6 de julio de 2011

Negra con Musiú

Estoy más contenta que negra con Musiú. Me he convertido en una de las mujeres más cursi del universo. Ahora digo cosas como “mi vida, mi amor, mi angelito” y hasta le mando corazones por mensajes de texto. Todas las cosas que yo antes odiaba de la típica mujer enamorada, yo las estoy haciendo. Bueno, no caigo tan bajo como para decir “gordo”, “mivi”, “currunchinchín” o asquerosidades por el estilo, pero definitivamente esta ahijada de Simone de Beauvoir deja mucho que esperar. Conservo algo de mi dignidad, poca, pero algo queda.

Cuando estás enamoradísima en París, viviendo los mejores momentos de tu vida, es casi imposible traer el pan al madness. Ahora bien, cuando estás en Caracas y la persona que amas está en París, la sangre fluye como la basura en el Guaire: por montones.

Antes de venirme para Caracas, el Musiú me dijo, “me gustaría ir contigo a Caracas”. Automáticamente, yo salté de mi asiento y le dije, “ni de vaina”. En ese momento, no le pude explicar exactamente por qué no quería que viniera a Carakistán. Pero ahora que llevo una semana aquí, tengo más que claro porque me da miedo/vergüenza que el Musiú venga a la Cloaca. Este post se lo dedico a mi adorable Musiú como respuesta a la pregunta que me hizo con su adorable acento francés, “¿por qué no quieres que yo vaya a Caracas?”

La verdad del asunto es que Caracas me da vergüenza. Ser venezolana es como tener una familia que come con la boca abierta, se hecha peos en la mesa y escupe gargajos en el piso. Aún cuando yo no soy una “típica venezolana”, tengo mi lado oscuro. En francés yo casi nunca digo groserías, estudio en la Sorbona, me visto bien y soy puntual. Pero aquí, mi lado oscuro venezolano sale a relucir. Como buena venezolana, soy más vulgar que el video de Roxana Díaz, llego tarde a todo, soy irresponsable y medio malandra. Me da miedo que si el Musiú me ve aquí, y ve la clase de rancho de país de donde vengo, empiece a pensar que yo soy igual de mona que Yuriguindeixi. No quiero que el Musiú se de cuenta que debajo del francés y la politesse recién aprendida, soy senda negra.

El otro día estaba caminando por Los Ruices. De repente, escucho un “MIRA”. De coneja, me volteo a ver quién me está hablando y cuando lo hago veo un viejo camionero barrigón que me dice “MIRA, TÚ ESTÁS BIEN BUENA OÍSTE?” . Sin pensarlo le grité: “¡Mamahuevo!”.

Vamos a repasar la escena. Un señor de 60 años, que seguro ya tiene nietos, me grita, en otras palabras: “yo quiero meterte el huevo porque tienes pinta que eres buena cama”. Luego yo, Licenciada en Filosofía, de un hogar decente, le lancé, en otras palabras, la siguiente: “a usted le gustar chupar la pinga”. ¿Estoy preparada para que el Musiú sepa lo vulgar que soy?

Además, no quiero que el Musiú vea lo niche que son los venezolanos. Este fin se semana fui para la playa con mi familia. Estábamos tranquilos, cada uno leyendo su respectivo libro, cuando de repente llegó el Narco-Yate. El hijo de puta lanzó sus anclas y luego soltó el reggaeton. La música sonaba durísimo, hasta los pájaros salieron volando cuando Chino y Nacho comenzaron. Traté de no pensar en la música, de imaginarme que estaba en una playa paradisíaca, pero no podía ni pensar con el tukki tukki. En un punto me dije “ardi, no le tengas miedo a los narcos. Lucha por un mundo libre de Chino y Nacho, anda!”.

La Narco familia tenía una carpa justo en frente del Narco Yate. En el Narco Yate estaban Papá-Narco y Tío-Narco, ambos barrigones y con pinta de camioneros. Ustedes los conocen, los que usan lentes oakley amarillos y tienen burda de rial. Las “esposas”, o putas, no sabemos, tenían sendos cocos, estaban bien buenas y tenían unas tangas bien niches. Con cara de “vengo en paz” y tono de “por favor no me caigan a tiros”, les pregunté; “Buenas tardes, disculpen la molestia, pero no les importaría bajarle un poco a la música (y no caerme a coñazos por insolente)?” Las putas se miraron entre ellas con cara de “¡Qué ladilla!”, pero yo seguía sonriendo con cara de “por favor no me maten”. Luego la esposa y/o prostituta de Papá-Narco dijo “ahorita le bajamos”. Después de media hora le bajaron al maldito reggaeton de mierda.

Al poco rato después llegó el Chavi-Yate. Éstos, a diferencia de los narcos que llevan desde los 70’s vendiendo drogas, venían de comprarse el Yate. Esa mierda parecía un barco venido de África con tanto mono abordo. Supimos que venían de comprar el barco porque tardaron como media hora en amarrar el barco. Tuvieron que lanzar ancla como tres veces antes de lograr que el yate no se moviera. Enseguida, pusieron la changa tukky. EL COÑO DE LA MADRE. Justo venía de pedirle a los narcos que bajaran el volumen y ahora me cae como mierda del cielo el Chavi-Yate. ¿En qué puto momento se puso de moda poner reggaeton y changa tukky a todo volumen en las playas? ¿Qué pasó con la época donde el sonido del mar era lo más bello? Como todos sabemos, en la jerarquía de la jungla venezolana, Narco mata Chavista. Los Narcos no se dejaron meter la changa tukky por el chiquito. Los Narcos sacaron un par de cornetas más y pusieron “niña bonita” o no sé qué coño por enésima vez a triple mega volumen. Quería reventar de la arrechera, quería unirme a algún cartel, hacerme la madrina y matarlos a todos. En cambio, respiré profundo y grité a todo pulmón para que mi papá pudiera oírme: “VAMONOS POR FAVOR”. ¡Viva la agresividad-pasiva!

Lo peor es que el venezolano común no tiene ni vergüenza. Sacan su reggaeton, sus piropos niches, y es como si nada. Mientras que uno, de buenos modales y un mínimo de decencia vive asqueado entre tanta marginalidad, ellos la cagan con gusto y además se creen la gran vaina sin ser realmente un carajo. Ayer fue una muestra evidente de lo mojoneados que son la mayoría. El “Gran Desfile Bicentenario Bolivariano del Libertador mismo en honor a la revolución honorífica de la emancipación anti capitalista de los hijos de Bolívar” fue un chiste. Yo no puedo evitar preguntarme, ¿de dónde carajo sacaron esas condecoraciones todos esos Generales? El presentador los anunciaba “El General Mono Palo Verde, con máximos honores por su desempeño valiente dentro de la Guardia Nacional Bolivariana” ¿En cuál guerra fue que estos insignes militares mostraron su coraje y su amor a la patria? ¿En las alcabalas? Ah no cierto, el 11 de Abril cuando le cayeron a plomo a la gente. ¡Viva la GNB!

En teoría, los desfiles militares son para mostrarle al pueblo que tienen una fuerza armada lo suficientemente preparada para defender la patria de cualquier ataque extranjero. Por ejemplo, este 14 de julio cuando los franceses saquen sus tropas por los Champs Elysées, yo estoy segura que Gadafi va a cagarse en los pantalones. Pero cuando Venezuela saca a sus indios de primero y a sus generales montados en uno de los dos tanques que tenemos, sólo la gente de Haiti tiene miedo. Hasta Evo Morales se reía, seguro se estaba diciéndo “nuestros indios tienen palos más grandes”.

No tengo ningún problema en llevar al Musiú a Los Roques, ni a Canaima, pero lo que es Caracas, la ciudad mondongo donde todo lo peor se acumula en los cerros, no gracias. Además, estoy segura que más de una negrita va a tratar de robarme mi Musiú. Imagínense, estoy en una fiesta con él, alto, hermoso, francés, y fijo que una perra de la Santa María va a empezar a bailarle reggaeton. El Musiú, asqueado de tanto perremeneo, me pediría que haga al respecto. Evidentemente me va a dar caga, Yuribinguesi, quien tiene las piernas duras de tanto montar cerro y mono, me puede matar de un sólo tetazo de implante callejero. Pero con miedo y todo, caminaría hasta ella y le diría, “por qué no meneas tu culo en otra parte”. Así me cueste la vida, hiciera lo que fuese para proteger a mi Musiú adorado del nichismo caraqueño.

sábado 4 de junio de 2011

A falta de pan, se come 百越



Primero que nada, quiero explicarles por qué llevo tanto tiempo sin escribir. La verdad del asunto es que estoy enamorada del Señor Jueves. No he dado el update de los otros perdedores de Meetic porque después de Jueves no ha habido más nadie. Ya llevamos más de cinco semanas juntos y como todas las idiotas del mundo, yo también caí en aquello de La Vie en Rose.


Supe que el muchachito me gustaba cuando me di cuenta que ni por un segundo le había hablado de mi blog. Por lo general, yo me jacto muchísimo del madness. Si llevo más de cinco minutos hablando con una persona, le digo por cierto, tengo un blog. Pero con Jueves, desde el día número uno nada me dio más miedo que el madness. “Si el Señor Jueves lee esa vaina va a salir corriendo.” No es que yo quiera engañar al muchachito, ya he hecho todos mis otros chistes. Jueves sabe que yo soy una ex-junkie, ex-depresiva, ex-interna de un manicomio. Pero sí es cierto que mi blog es doce veces más ofensivo para los hombres con los que he salido. La verdad del asunto es que no tengo nada malo que decir del Señor.


Supe que mi blog sería un problema cuando me dijo, “la infidelidad para mí es imperdonable. Si me engañas, te dejo enseguida.” Mientras me decía esa frase yo pensaba en mi serie “Dos Hombres un Camino”, sobre todo la parte donde digo “La única regla de fidelidad que yo le voy a pedir al futuro Señor Ardi es: ponte el sombrero”. El Señor Jueves es el Señor Ardi. Por un momento pensé, tengo que eliminar esos posts ya. Pero también me digo, justamente sé que estoy enamorada de Jueves porque hay toda una parte de mí que quiero dejar atrás, quiero descubrirme en otros aspectos.


(¿Ven por qué llevo rato que no escribo? Tanta cursilería está matando el madness.)


Ciertamente mi vida ahorita es color de rosa, pero afortunadamente, ayer descubrí a alguien con La Vie en Merde. Después de los exámenes finales, de lavar la casa a profundidad y no sé cuantas otras diligencias, terminé reventada. Ayer decidí que me iba a consentir un poquito y fui a hacerme las manos y los pies. Primero que nada, qué ridículamente caro es esta vaina aquí. Es como mil veces más caro que Venezuela y más el doble de caro que los Estados Unidos.


Entré a un sitio que se veía chévere, sobre todo porque habían chinos. Yo no sé por qué, pero esos coños de madre tienen una habilidad sobrehumana para las manicure y los pedicure. La chinita que me tocó tenía un acento fuertísimo en francés, le costaba encontrar sus palabras cuando hablaba. y de ñapa la jeva era un poco lenta. Afortunadamente, lo que una manicurista venezolana hace mal en media hora, la chinita lo hace excelente en una.


Yo no puedo pasar mucho tiempo en frente de alguien sin hablar. Yo de vaina y hablo con las paredes. A la diferencia de las manicuristas venezolanas, la chinita ni siquiera me buscó conversación. Se instaló a hacer su trabajo sin ni siquiera levantar la mirada. En un momento me las tiré de la graciosita y le dije “she she” (supuestamente “gracias” en chino). La jeva me vio con cara de “¿Qué coño?”. Me preparé psicológicamente para hablarle lento, ustedes saben, como se le hablan a los mongólicos, "¿De … dónde … vienes?” La chinita tomó su tiempo y me respondió “Vietnam”. Vietnam, China, Japón, misma mierda. Si tienes los ojos achinados y eres mujer: chinita. Si tienes los ojos achinados y eres hombre: chinito. Afortunadamente, esta chinita ni se ofendió cuando la confundí. Debe estar acostumbrada a la incultura y la insensibilidad de gente como yo.


“¿Cuántos… años… llevas… en… Francia?” le pregunté. Sin ni siquiera levantar la mirada la chinita me respondió “levo tré anos en Flancia”. Increíblemente, esta chinita hablaba muy bien el francés. Yo recuerdo que yo estudié con un chinito vietnamita y a ese coño de madre no se le entendía un carajo. Llevaba un año en Francia y es que ni el “Bonjour” le salía bien. Así que cuando esta me respondió, le dije “hablas muy bien francés” como si yo tuviera alguna autoridad en la francofonía para decidir quién habla francés bien o mal. El hecho que el Señor vive corrigiéndome muestra precisamente que tan “bien” yo lo hablo.


Desafortunadamente, las mujeres son imbeciles. Para conversar con una mujer imbecil, los únicos temas de conversación que puedes abordar son los hombres, las últimas noticias de Brad y Angelina y los nuevos productos de limpieza. Como estaba ladillada y la chinita, manicurista al fin, era imbecil, decidí sacar el único tópico que tenía en común con ella: los hombres.


Ardi: ¿Tienes novio?

Chinita: Tengo marido, está enfermo. Está en Vietnam.

Ardi: Lo lamento mucho. Espero que se mejore.

Chinita: Yo tener que mandarle €1000 para pagar hospital.

Ardi: Es bastante plata. Al menos no tienes hijos.

Chinita: Tengo dos.

Ardi: (ops!) ¿Cuántos años tienen?

Chinita: Niña 5 años, me habla en francés, yo no entender. Niño 1 año. Tener dos niños muy caro. Yo trabajar mucho, no tener tiempo para dos. Yo regalar niño pequeño a mi suegra.

Ardi: (coño, esta hija de puta no tiene nada bueno qué decir, qué ladilla con sus peos, déjame cambiar el tema.) ¿Vives en el vecindario?

Chinita: Sí, yo vivir en la esquina, en el ático de mamá. Ella cobrar €400 mensuales. Ella decir que yo pichirre, que yo buena para nada, que yo deber pagar €1000 a ella. Pero yo ganar €1500. Sólo tener €100 para mí y niños.


(¿y ésta va a regalarle el varón a la suegra? No joda, que lo venda aquí en Francia. En el país de Dominique Strauss-Kahn tiene que haber una pareja dispuesta a comprar un niño.)


Ardi: Pobrecita. Espero que tu marido se mejor pronto y pueda venir a ayudarte.

Chinita: Marido bueno para nada. Él ciego porque consumir mucha cocaína.


Vaya suerte la mía, justo caigo con la chinita cuya mamá la casó con un periquero, le montaron dos carajitos y ahora pasa los días trabajando como una china para darle toda su plata a los demás. Uno juraría que después de tres años en Francia la jeva habría escuchado hablar de Simone de Beauvoir o de la emancipación de la mujer, pero por lo visto no.


Moraleja del día: A falta de pan, se come 百越.


viernes 6 de mayo de 2011

El Madness en Meetic


Post en el aniversario de bodas de mis padres.


Como se habrán dado cuenta estoy saliendo del closet. Desde que me di cuenta que necesitaba una totona y que quería un jevo para los fines de semana, guardé los zapatos de goma, saqué el esmalte de uñas, el lapiz labial rojo y ando en unas de Tigresa del Oriente.


Estaba hablando con un amigo sobre mis fracasos amorosos cuando se me ocurrió que los hombres deberían venir con fichas descriptivas. Imagínense un mundo donde todos carguen consigo una ficha descriptiva. Estás en un bar y de repente se te acerca un ser humano interesante, bien vestido y medio galán. Este ser humano te invita un trago y antes de aceptarlo le preguntas, “¿me dejas ver tu ficha descriptiva?” El ser saca de su bolsillo su ficha y lees: “Juan Perez, 30 años, Bachiller, Miedo al compromiso, dependiente de su madre”. Aparte, estas fichas tendrían las observaciones de las ex-novias también, tipo: “Me montó cachos con mi conserje (hombre)”. Este tipo de fichas nos ahorrarían a todos una buena cantidad de tiempo, y además con una ficha como la de Juan Perez, ni siquiera se te ocurre el “bueno, me lo agarro esta noche y ya”.


Justo cuando yo pensaba que mi mundo imaginario no existiría en mil años, que sólo a mí se me ocurren ese tipo de cosas, mi amigo me dice, “ardi, eso ya existe, se llama cyberdating”. Fue un momento histórico en mi vida, un rayo de luz que iluminó todo mi sendero. Claro que ya existe un mundo donde la gente tiene fichas, perfiles: se llama Internet. Una parte de mí pensó, “Sería genial inscribirme en un sitio de ciber-encuentros, podría evitarme la fila de ímbeciles y si las vainas salen mal: sangre para el madness”. Pero también pensé: “¡¡QUÉ CLASE DE PERDEDORA!! Esos sitios son sólo para la gente que ya no tiene esperanza, que son feos, violadores, etc. Ni de vaina podrías publicar esto en Internet. Ten un mínimo de dignidad.”


Me inscribí durante mi episodio Dos hombres un Camino. El sitio se llama Meetic y digamos que por cada 30 hombres, 26 son para salir corriendo. Es un poco como la vida real, pero en cámara rápida. Tienes los viejos verdes de 60 años, los niches, los románticos, los góticos, los mal bañados, los mal vestidos y gente ““normal”” como yo que quiere intentar algo diferente. Meetic es otro mundo. Por ejemplo, la manera de coquetear consiste en darle click a un botón que se llama “Flash”. Si ves un perfil que te gusta, que te parece interesante, entonces le das a “Flash”, tipo “I like” en Facebook, y esperas a ver qué pasa. A veces el ser humano responde, a veces no. De la misma manera, hay gente paseándose por tu perfil y los que están interesados te hacen un “flash”, tú decides si respondes o no. Puedo estar en pijamas en mi casa, despeinada y sin maquillaje, y aún así recibo mis flasssss.


Yo sé que es mil veces más emocionante la vida real, pero dada mi experiencia, creo que no me voy a topar con Mr. Right en el medio de la calle, ni me lo voy a conseguir en un bar. Honestamente, aún no sé lo que estoy haciendo en Meetic, pero creo que algo aprenderé, al menos un post le saco a este cuento.


Estando en los Mayamis, me dediqué a estudiar cuidadosamente los flasss que recibí y cuadrar para encontrarme con los más interesantes. Antes de otorgarles la respectiva “cita”, chatée con ellos, estudié la situación y finalmente decidí salir con tres seres humanos la semana pasada. Fue como ir a tres citas ciegas, por más que hayas visto la foto, hayas “hablado” con ellos, nunca es lo mismo cuando los conoces en persona.


Don Lunes (a.k.a. El Lisiado)

El Señor Lunes tiene 36 años, es profesor de sociología en la universidad (nivel master), en la foto no se veía mal y por el intercambio de correos, el señor era muy inteligente. Llegué al punto de encuentro puntual y al minuto Don Lunes me escribe, “voy a llegar tarde, tuve un problema. Por favor espérame.” No es nada normal que un francés llegue tarde, me imaginé que el pana de verdad tuvo un problema y lo esperé. Cuando por fin llegó, el sujeto andaba en ¡¡MULETAS!! Resultó ser que el pana había tenido un accidente de ski y se había destrozado la rodilla.


Déjenme decirles algo, caminar por París no es romántico cuando andas con un lisiado. Nos instalamos en el primer restaurante, y durante toda la noche, hablamos de intensidades filosóficas y sociológicas. Déjenme decirles otra cosa, fue interesante, pero una ladilla. Yo necesito un jevo que me haga reír, o del que al menos me pueda burlar. Supe desde las muletas que el Señor Lunes no llegaba al Martes. Cuando llegó la cuenta, veo que el lisiado saca un monedero de jeva. Era enorme, y además estaba llena como una hallaca. Nunca había visto un hombre con monedero de jeva, me pareció como de marico.


Una vez terminada la cena, llegamos al metro donde nos vamos a despedir. De repente, veo al pena pelar bola con sus muletas tratando de darme un beso. Déjenme decirles una última cosa sobre el Señor Lunes, no es nada romántico ver cómo un lisiado pela bola con sus muletas para darte beso en el medio del metro. Me dio como paja así que le di un beso en el cachete y le di sus palmaditas en el hombro tipo: “ni en tus sueños”.


Señor Martes (a.k.a. El Charlatán):

El Señor Martes tiene 30 años, es ingeniero informático, trabaja en finanza, y por el intercambio de correos, se veía burda de pana. Para nuestro primer encuentro, Martes llegó a tiempo y sin muletas. Por lo menos la cuestión progresaba. Llegamos a un bar/lounge y el sujeto me empieza a decir que le encantan los vinos, que es un connaisseur de vin. No tardé mucho en darme cuenta que Martes es medio charlatán. Cuando llegó la carta, que sólo tenía cinco opciones de vinos en copa, el gran enólogo se tardó como 15 minutos en escoger un Bordeaux. Lo mejor fue ver toda la ceremonia que se inventó el tipo para probar el vino. Pana, deja el show, te acaban de servir una copa de una botella que ya estaba abierta. Cuando terminó de ver el color del vino, el desplazamiento del licor dentro de la copa, de oler los aromas del vino con los ojos cerrados, terminó llevándose la copa a la boca con el dedo meñique levantado. Aparte de charlatán, marico. Levantar el dedo meñique cuando se toma vino es como remover el Whisky con el dedito, niche.


Con el vino también llegaron las aceitunas. El Señor Martes no se aguantó ni dos segundos para lanzarse encima de las pobres. Agarró un palillo, y mientras masticaba la aceituna y chasqueaba, me hablaba. Para rematar, en ningún momento se sacó el palillo de la boca. Lo mordía como un hill-billy. No me pude aguantar y le dije, “epa pana, no estamos en el medio de una finca en Kentucky. Sácate el palillo de la jeta por favor”. Al pana le dio burda de pena y me dijo “perdón, es que no me di cuenta.” ¿Cómo no te das cuenta que tienes un palillo metido en la jeta? De bolas que sabías que andabas masticando la mierda esa como un cerdo.


Jueves:

El señor jueves ha logrado pasar todas las pruebas. No tiene las uñas largas (cosa frecuente entre los franceses), tiene modales en la mesa, es caballeroso, no es ni intenso ni ladilla, y lo voy a admitir, después de 5 citas el señor me gusta. Evidentemente, como ya sabemos en el madness, es muy probable que llegue un momento donde Jueves me salga con una mamahuevada, o que yo me ladille. Ese día publicaré algo tipo “Jueves de Sangre”, como he hecho con casi todos los mamahuevos que se merecen su post. Hasta ese día, no tengo nada malo que decir.

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Así pues heme aquí, asumida como la clase de perdedora que no es lo suficientemente atractiva como para levantarse a los hombres mientras camina, ni lo suficientemente buena bailarina como para que me saquen a bailar, ni la más interesante del bar como para caerse a tragos sin pagar ni uno solo. Me asumo como la clase de perdedora que se tiene que inscribir en un sitio de encuentros porque “soy especial”. Pero mal que bien, de todo esto he sacado los tragos gratis que nunca saqué de los bares, las invitaciones a cenar que nunca saqué del encuentro espontáneo en el medio de la calle, y hasta un vals por las calles de París.

Ardi vs Madness

Mi foto
Estoy absolutamente convencida que estoy loca y la locura es mi más gran encanto. Soy filósofa, pero este blog ni se asoma a mis niveles de profunidad, aunque sí un toque de intensidad.